viernes, 12 de octubre de 2012

Gay

No se exactamente como comenzó todo,  quizás fue  querer saber lo que la noción de lo que el sexo era, quizás fue la idea de tener algo que contar, quizás solo quería saber más sobre mi. No recuerdo que fue lo que me impulsó a tener relaciones con un chico cinco años mayor, lo que recuerdo es el peso de haberlo hecho.

Tenia doce años en ese entonces, recién habia entrado a la secundaria y el internet me había alejado de mi familia pero sobre todo me había acercado a una comunidad de pedofilos que decía entenderme y quererme. Me sentía solo, no me identificaba con nadie en mi escuela, me relacionaba con pocos y muchos chicos me excluían. Tenia una constante duda dentro de mi, la cual nunca expuse frente a quienes tuve más cerca y pensé que el sexo me ayudaría a resolverla. 

Nunca me escondí, fui quien quise ser, hice lo que quise hacer y dije lo que quise decir. Nunca pensé que eso me traería tantos problemas, desde la segregación por parte de los maestros hasta la discriminación por parte de mis compañeros. Me duele aun recordar los gritos e insultos de gente que no conocía, dirigidos hacia mi, desde la ventana más próxima en clases de secretariado, la indiferencia de los maestros hacia estos ataques e incluso la forma en que algunos pocos me trataron cómo fenómeno, las llamadas a mis padres porque veía raro a algunos chicos o los golpes para hacerme "machito".

Sin embargo, tenia cierta esperanza de que la preparatoria seria distinta, no lo fue del todo. Los primeros dos semestres otros chicos me trataban como atracción de feria, frente a la sinceridad que yo demostraba les causaba cierta incomodad que solo podían ocultar frente a una risa penosa. Algunos otros chicos homosexuales, que preferían ocultarlo, me consideraban una amenaza, me difamaban y me atacaban. Los alumnos más machistas además de insultos me aventaban basura. A pesar de que nunca cambié e incluso logré que muchos de mis compañeros me aceptaran, fue un maestro quien nunca cedió, haciendome saber que el resto de sus alumnos recibirían la opción de exentar el extraordinario menos yo.

Fuera de las instituciones nunca cambiaron estos hechos, llegue a ser golpeado por hombres que se acostaron conmigo, me destinaron a la inmundicia personas que no conocía e incluso insinuaciones por parte de policías.

Nunca pensé que yo me encontraba luchando por alguien más hasta que vi cómo las personas, que en algún momento me hirieron, ayudaron a alguien más a crecer y ser orgulloso de quien es.

Me duele que cada día sea una lucha, pelear contra sobrenombres, contra prejuicios, contra ignorancia, pero sobre todas las cosas pelear contra el temor que la gente me tiene, por el simple hecho de vivir con la libertad con la que yo merezco vivir.

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